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Zoetis, un gigante de la sanidad animal, apuesta por el mercado de las mascotas

Stefania Gozzer Arias , Barcelona 3 ABR 2016 - 00:28 CEST

Envasado de medicamentos en la factoría de Zoetis en L’Hostalnou de Bianya (Girona) Agustí Ensesa

En el pueblo de L’Hostalnou de Bianya, en Girona, hay el doble de empleo que habitantes. La imponente masía de principios del siglo XX ubicada al final de esta localidad de 113 residentes recibe cada día a 230 trabajadores de Zoetis, la multinacional que encabeza el sector de la sanidad animal. El personal alterna el aire limpio del valle y el paisaje que ofrecen las montañas de esta otrora zona volcánica con los edificios herméticos donde se dedican a producir millones de unidades de medicamentos como antiinflamatorios para caballos, vacunas contra la neumonía para cerdos o antiparasitarios para perros. Hasta hace tres años, el letrero de la entrada llevaba otro nombre: Pfizer. Pero desde que esta antigua división de la farmacéutica estadounidense se escindiera de su matriz, Zoetis se ha consolidado en su sector, con una cuota de mercado del 25% a escala mundial.

La cifra de negocios de la firma ha crecido con cada año de vida y en 2015 ascendió a 4.420 millones de euros, un 8% más que el ejercicio anterior —los datos no incluyen el impacto del cambio de divisa—. El incremento de las ventas fue aún mayor en España: del 13% gracias a una facturación de 77 millones. El alcance de la compañía, sin embargo, se reduce a un 15% en el país, donde se disputa el liderazgo del sector con otra gigante farmacéutica, la alemana Merck.

El equipo de I+D de Girona está compuesto por 25 personas

Las oficinas centrales en Madrid y la red de comerciales elevan la plantilla nacional a cerca de 350 personas. En L'Hostalnou de Bianya, se encuentran los centros de producción e investigación de Zoetis en España. El director general y vicepresidente de la compañía en el sur de Europa, Félix Hernáez, explica que la apuesta por estas instalaciones es grande: “Hay muy pocos países donde nuestra empresa realice producción, investigación y comercialización. En Europa solo lo hacemos en España y Bélgica. Esto significa que no solo exportamos productos, sino también análisis clínicos”.

El equipo de I+D de Girona, compuesto por 25 personas, es responsable del desarrollo de géneros como la vacuna de Zoetis contra la lengua azul —que afecta al ganado caprino, bovino y ovino— y la que previene del virus de Schmallenberg —que ataca a vacas y ovejas—. La ubicación de esta una unidad en España es “estratégica” para responder a las llamadas enfermedades emergentes que aparecen en África y el sur de Europa: aquellas de reciente descubrimiento o que se consideraban controladas en una zona pero vuelven a extenderse y con carácter epidémico, como son los casos de estos dos virus.

La planta española de Zoetis ha duplicado su actividad en los últimos tres años. El ejercicio pasado superó las 20 millones de unidades, seis millones más que en 2014, y las previsiones para 2016 son de crecimiento. El 90% se exporta a países de Europa, EE UU, Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, entre otros. La firma invirtió en 2015 cuatro millones de euros para adecuar sus líneas de producción a un nuevo género, el antiparasitario canino ProHeart, e inyectará desde ahora cinco millones de euros cada año hasta 2020 para actualizar la maquinaria, según explica el director de la fábrica, Piet Swartele. Esta se reparte entre cuatro edificios separados para la elaboración de antígenos, geles orales y tópicos, vacunas y productos farmacológicos.

El sector de la ganadería es el que más impacto tiene en la cifra de negocios de Zoetis: un 62% a nivel global y un 65% en España. La fábrica de L'Hostalnou de Bianya dedica el 80% de su producción a esta división, cuyo consumidor estrella es el criador de ganado porcino. La firma es la líder en esta última rama, donde el año pasado creció un 12% pese a las dificultades que el veto ruso acarreó a las empresas cárnicas. La caída del precio de la leche que afecta a sus clientes es también otra amenaza para las ventas.

El surgimiento de una clase media en los países emergentes fomentará el crecimiento de la ganadería

Pero Hernáez prevé que el peso de esta división caiga en un futuro a favor de otra más dinámica: la de animales de compañía. En la actualidad, supone el un tercio de los ingresos a nivel nacional, pero el año pasado registró un crecimiento del 40%. “Es la rama donde más novedades terapéuticas se dan y puede que en los próximos 10 años pase a representar el 50% de la facturación”, afirma el directivo. “Es un mercado que crece a medida que la educación y la concienciación sobre el bienestar de los animales evolucionan. Por ejemplo, en países emergentes, el perro va dejando de ser un animal que vaga suelto por la calle y pasa a estar controlado. Hay una relación entre el nivel sociocultural de una familia y el gasto que esté dispuesta a hacer en el cuidado de su mascota”, explica.

El surgimiento de una clase media en estas sociedades y la mejora en sus condiciones de vida también beneficiará a la rama de la ganadería. “La gente deja de utilizar como base de su alimentación los carbohidratos que dan productos como el arroz y aumenta su necesidad de consumir las proteínas que ofrece la carne”, asegura Hernáez. Así que la demanda del medicamento Lutalyse para controlar el parto y celo en cerdos o la vacuna Poulvac-EColi contra las enfermedades de aves por bacterias fecales parece estar garantizada.

Fuente:  Ir a la fuente

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